Proliferan los testimonios de futbolistas que tuvieron el privilegio de ser compañeros de equipo de Diego Maradona, o que disfrutaron, aun en el padecimiento de tener que marcarlo, del honor de enfrentarlo como rivales. Pero Esteban Fernando González desbloqueó un nivel del que pocos pueden jactarse: cobijó a Pelusa durante seis días en su casa.

El Gallego, icónico delantero campeón con Ferro Carril Oeste, Vélez y San Lorenzo, relató la historia con lujo de detalle en el programa de streaming Hoy no juega Ferro, en el que habló sobre el inicio de su carrera en el Verdolaga y hasta se reconcilió con los hinchas, que durante décadas quedaron heridos por un gol que le anotó al Tren y fue efusivamente gritado.

“A Diego, lo conocí en la casa de Ruggeri. Fuimos con Caniggia, Goycochea… Estábamos sentados Maradona, mi mamá, mi papá y yo. Yo le decía: ‘Papá, es Maradona’. ‘A mí dejame comer tranquilo’, me decía mi papá. Para él era yo solo y nadie más”, narró el ex atacante, de 64 años, en el show en YouTube.

“Un día vino y me dijo ‘me voy a quedar unos días en tu casa’. ‘¿Pero por qué Diego?’, le pregunté. ‘Yo no estoy’, me dijo. Llamaba por teléfono Claudia. Yo vivía en Viedma y Aranguren, en Caballito. Y él me decía: ‘No estoy’. Él hacía todo con la mano derecha, gesticulaba. Yo le respondía: ‘Boludo, va a venir la Policía a buscarnos. ¿Cómo no vas a estar seis días?’. Y me decía: ‘Vos no digas nada, no estoy, no estoy’“, continuó con la historia.

“¿Qué hacía en casa? Comía, hacía jueguito con una pelota en una reposera y se la tiraba a mi hijo, Fernando, que me decía: ‘La tiene atada con un hilito’. Porque hacía jueguito y no se le caía. Le gritaba: ‘Fer, tomá’. Y se la ponía en las manos. Y mi hijo no la podía creer. Tenía ocho años él», ofreció una perla bien maradoniana.

“Fue algo increíble. Diego conmigo fue… Era celoso. Yo tenía un bar y no venía nadie. Bah, durante la tarde venía alguien. Y una noche estaba ahí y suena el teléfono. Eran las 11 y media, había una parejita tomando café. Yo ya me quería ir porque a las 6 y media ya abría el bar. Y me llamó: ‘¿Qué hacés botón?’. ‘¿Quién habla?’, pregunté. ‘Diego, ¿quién va a hablar?’, me contestó. ‘Dale, dejame de joder que estoy atendiendo’, dije. ‘Dale, qué vas a atender si no va nadie a ese bar’, me tiró. ‘¿Pero quién habla?’, insistí. ‘Soy Diego, ¿vos también me vas a abandonar? Venite para mi casa’, me contestó. En Devoto estaba. Y me cortó“, le dio pie a una nueva anécdota.

“Me quedé yo. Dije, ¿qué hago? Y corté la luz. ‘Vayan tranquilos, no paguen’, le dije a la pareja. Me fui para el auto, iba con el angelito y el diablo. Voy, no voy, voy, no voy. Yo pensaba: ‘Pasa algo ahí ¿y quién fue? Yo. Y al final no fui. Pasaron cuatro o cinco meses y estaba comiendo en el restaurant del Zorrito Von Quintiero con dos amigos. Y entra caminando Diego, viene para la mesa. Cuando viene, yo hago así para saludarlo (se para). Pero él me esquiva. Me pegó una meada… Quedé de espaldas. Y les digo a mis dos amigos que estaban ahí: ‘En diez minutos, 15, va a venir y me va a dar una trompada, me va a venir a buscar’. Siete minutos pasaron… Y siento ¡pum! en la cara. Le dije ‘¿qué hacés?’. ‘¿Qué, no me querés saludar?’, me respondió. Me paré y le remarqué: ‘Mirá Diego, vos vas a entrar a un restaurant en cualquier lugar del mundo y, si estoy, te voy a saludar. Si vos no me querés saludar, pasá por el costado y hacé lo que hiciste no me saludes’. ‘Dale, vamos para el fondo y vamos a tomar una botellita de champagne’, me dijo. Era bravo, Diego», completó con una sonrisa

“¿Por qué no fui ese día a Devoto? Porque si le pasaba algo iba a ser responsable. Si le pasaba algo, iban a decir ‘le llevó la droga el Gallego’. Y yo nunca me drogué. El angelito me dijo que no fuera. ¿Por qué me dijo ‘vos también me ibas a abandonar’? Porque estaba solo. Me quedé mal, pero él sabía que podía contar conmigo. Y yo sabía que podía contar con él», concluyó.

El Gallego tiene 64 años. Tras el retiro, fue entrenador en Inferiores y ayudante de campo de Oscar Ruggeri, además de analista de fútbol

En la casa del Gallego, Maradona no solo residió. También volvió a jugar en una Selección. Y gracias a un contrato negociado vía telefónica por el mismísimo Esteban González. “Estaba comiendo un día en mi casa con Maradona, Ruggeri, Goycochea, Caniggia, Coppola… Yo estaba haciendo asado, mi casa era como la AFA los domingos. Y el otro domingo, en el programa Ritmo de la Noche, iba a jugar Argentina contra Brasil. Daban el equipo al aire y Diego no estaba. Marcelo Tinelli era el que lo presentaba, Hugo Issa era el representante que llevaba jugadores. Y le dije a Maradona: ‘Escuchame, ¿no vas vos?’. Estaba sentado al lado mío. Diego me dijo: ‘No, si este botón no me invitó’. Le dije: ‘¿Cómo no te va a invitar?’. ‘Pero yo quiero plata para ir, no voy a ir gratis’, me contestó. ‘Bueno, eso es otra cosa, pero dejame que voy a hacer una gestión’, le tiré“, comentó la génesis del plan.

“Lo llamé a Hugo Issa, a quien conocía de San Telmo y le dije: ‘Escuchá, estamos en casa con Diego y vemos que Maradona no juega. Y Goycochea no juega’. Y me respondió ‘no está porque no quiere venir’. ‘Sí, pero quiere plata’, le avisé. ‘¿Y cuánto pide?’, me preguntó. Le pedí 50.000 dólares. Justo yo, que no sabía arreglar nada, siempre fui un desastre con la plata. Me dijo ‘bueno, ahora llamamos a tu casa’. ‘No, no, no, no. si Tinelli no dice que se confirma la presencia de Diego Armando Maradona, que es que se confirma la tarasca, no me llamés porque Diego no sale al aire’, le contesté“, llegó al clímax del relato.

“Prendimos la tele y Diego me dijo: ‘¿Qué le dijiste?’. ‘Que si te daba una plata, sí’, devolví. Y escuchamos a Tinelli que informó: ‘Estamos comunicados con la casa del Gallego González y se confirma la presencia de Diego Maradona’. Agarró el teléfono Diego y dijo ‘dale Tinelli, venite a la casa del Gallego y dejate de romper las bolas’. Y le cortó. Al final, después del programa, vino Tinelli, los dejamos charlando solos y arreglaron todo. Pero antes, Maradona me preguntó: ‘¿Cuánto le pediste?’. Lo miré y le dije: ’50.000 dólares’. Me empezó a besar jaja», cerró el Gallego, quien supo trabajar como director técnico y ayudante de campo, y también como analista de fútbol en la radio.