La cartelera preliminar de UFC 326 en Las Vegas ofreció una de las escenas más inusuales en la historia reciente de las artes marciales mixtas. Cody Garbrandt, ex campeón de peso gallo, logró una victoria por decisión unánime pese a recibir tres impactos ilegales en la ingle durante su combate frente al peleador chino Xiao Long. El estadounidense, de 34 años, atravesó un momento crítico después de uno de los golpes, cuando comenzó a vomitar en pleno octágono.

Garbrandt permaneció cerca de 30 segundos agachado sobre un balde, tras una patada particularmente severa en el tercer asalto. El árbitro Herb Dean intervino para sancionar a Long, descontando dos puntos por las reiteradas infracciones. “Nunca he visto a nadie vomitar en el octágono durante una pelea. Nunca he visto a nadie vomitar en un cubo”, expresó el comentarista de la UFC Joe Rogan, reflejando la sorpresa generalizada en el T-Mobile Arena.

El desarrollo del enfrentamiento rápidamente se tornó caótico. El primer golpe bajo motivó una advertencia para Long y la deducción de un punto. Sin embargo, la reanudación trajo consigo otra infracción: un rodillazo de Long forzó una nueva interrupción y el árbitro descontó un segundo punto, advirtiendo al peleador chino que una nueva falta conllevaría la descalificación. El clima en el recinto se tornó tenso y la seguridad debió intervenir una vez finalizado el combate, luego de que Long conectara un puñetazo tras la campana.

La decisión de los jueces reflejó la complejidad del encuentro: Garbrandt se impuso con triple 28-27, aunque Long había ganado dos de los tres asaltos en las tarjetas. El estadounidense reconoció la rareza del episodio. “Fue una pelea muy extraña. Mis entrenadores me habían preparado para un estilo similar, con él, agresivo y caótico. Pero no pensábamos que fuera a ser tan caótico”, declaró el ex campeón, quien también atribuyó parte de la confusión a la comunicación en el octágono. “Creo que también la barrera del idioma, ya sabes, el hecho de que él no supiera mucho inglés”, agregó en diálogo con MMA Junkie.

Cody Garbrandt se impuso por decisión unánime (AFP)

Las reglas unificadas de las artes marciales mixtas contemplan que si un luchador pierde el control de una función corporal —como vomitar, orinar o defecar— el árbitro debe detener la pelea y darla por finalizada por nocaut técnico, salvo que la situación ocurra durante el descanso entre asaltos y un médico determine que el atleta puede continuar. El caso de Garbrandt abrió el debate sobre la interpretación del reglamento en casos de faltas reiteradas y consecuencias físicas visibles.

El propio Garbrandt describió la situación con crudeza: “Sin querer me patean, ya sabes, unas cuantas veces, y nunca me habían golpeado tan fuerte, en la ingle”. El peleador insistió en que su intención no era ganar por descalificación y destacó el impulso recibido por el público. “No quería seguir adelante y ganar solo por llegar a eso, y luego me recuperé de la multitud, y luego 30, 40 segundos después, me golpearon nuevamente”, relató a MMA Junkie.

La pelea marcó el regreso a la victoria para Garbrandt, quien había sumado siete derrotas en sus últimas diez presentaciones desde que conquistó el cinturón en 2016. En la previa, acumulaba dos caídas consecutivas y su futuro en la organización era incierto. Su desempeño en UFC 326 estuvo lejos de las expectativas, pero el resultado lo devuelve a la senda triunfal en medio de la controversia.