Dibu conoció el predio de Ezeiza cuando empezó a ser citado para la Selección Sub 17 (REUTERS/Agustin Marcarian/File Photo)

Emiliano Martínez ya es el arquero más influyente de la historia de la selección argentina. Tiene apenas 33 años y mucho camino por recorrer. Mucho se habló y se escribió de su historia: de su desarraigo de su Mar del Plata natal por el sueño de triunfar en Independiente. De su irrupción estelar en la selección argentina Sub 17, con penales atajados a Brasil. De su temprano pase al Arsenal. De su periplo en busca de aplomo en la élite por siete clubes a la chance por lesión que no desaprovechó, el salto histórico al Aston Villa, los cuatro títulos (incluido un Mundial) con la Albiceleste, la tapada hecha tatuaje a Kolo Muani y los juegos psicológicos que atemorizan adversarios.

Sin embargo, siempre hay lugar para las revelaciones que sorprenden. En la biografía de Lionel Scaloni escrita por Diego Borinsky, surge una voz que pocas veces se escucha: la de Martín Tocalli, encargado de los arqueros en las selecciones nacionales. Allí, ofrece detalles desconocidos sobre el Dibu.

“En 2011, yo estaba en la Selección con el Checho Batista. Previo a la Copa América había que jugar con Nigeria y Polonia dos amistosos arreglados de antes. Viajamos con un equipo B, los titulares se quedaron en Argentina entrenando. Fuimos a cumplir. Los arqueros eran Gabbarini y Ustari; a mí, Oscar siempre me gustó, y era su regreso. Estábamos haciendo un picado, Oscar fue a buscar la pelota y se rompió los ligamentos. A los dos días, Argentina iba a salir a jugar un partido con un solo arquero, ¡era un papelón! El tema era que para entrar a Nigeria necesitabas visa. Nos miramos con el Checho mientras Oscar lloraba en el piso de dolor y ahí mismo dijimos: ‘El Dibu’. Él había estado en el Mundial de Nigeria y tenía visa. Lo llamamos y estaba en Mar del Plata, de vacaciones», evocó Tocalli, sobre el primer llamado de emergencia a la Mayor.

“Como llegaba casi sobre el partido, lo fueron a recibir al aeropuerto de Abuya dos empleados que no lo conocían, así que aparecieron con un cartel con su nombre. Nosotros estábamos en la cancha, yo hacía la entrada en calor con Gabbarini, y de golpe llegó el Dibu, se metió corriendo al vestuario y al toque entramos y se sentó en el banco”, completó la anécdota. El partido terminó 1-4 y luego, ante Polonia en Varsovia, Argentina cayó 2-1. No obstante, Martínez sembró una semilla con su gesto. Sin haberse calzado los guantes oficialmente en aquella aventura, se recibió de jugador de Selección.

Un Dibu adolescente, con la indumentaria de Argentina

“Ya era un animal, una bestia, pero todavía era un nene. En esos entrenamientos con nosotros estuvo muy bien, se mostraba con ganas y personalidad, como diciendo: ‘Che, estoy acá’. Con apenas 18 años, se hacía notar. Le seguí el rastro cuando me fui de la Selección y, al volver a la AFA, con Sampaoli, lo tenía presente; el tema era que atajaba poco en su equipo”, cerró.

Martínez asaltó el arco de la Selección en el umbral de la Copa América, cuando Franco Armani se contagió de COVID-19 y por varios días no logró negativizarse para quedar habilitado para jugar. Dibu usufructuó la chance y no salió nunca más. La duda siempre quedó flotando en el aire, porque el portero de River era el titular: ¿el hombre del Aston Villa se hubiera ganado el lugar de no haber mediado la enfermedad como puerta de entrada?

“Siempre estuvimos conformes con las actuaciones de Franco, pero el Dibu ya lo había emparejado, y habíamos charlado con Leo que era el momento de poner al Dibu, más allá de la situación de Franco. El Dibu igual iba a atajar”, confesó Tocalli en la obra. “Tiene una cabeza tremenda, duelo uno versus uno, juego aéreo, te da tranquilidad con los pies. La cabeza tiene que ver con no dudar en la toma de decisiones, y el Dibu se anima siempre. Les transmite seguridad a sus compañeros, miran para atrás y saben que hay arquero”, analizó.

Ahora bien, ¿cómo es el trabajo previo de los penales, más allá de la intuición y la habilidad para meterse en las mentes ajenas que ya traía Martínez desde la cuna? “Siempre empezamos por el que puede patear en partido, el 1, el 2 y el 3, y después seguimos con las definiciones. Igual tengo a todos estudiados, me veo todos los penales pateados en la carrera de los distintos jugadores y busco un patrón. Es un análisis larguísimo para cada jugador, que después se lo resumo al arquero en siete u ocho imágenes. Eso se lo paso antes de cada partido, lo vemos juntos en la charla técnica para construir juntos, y le hago el recordatorio en la entrada en calor. Igual, el Dibu se acuerda de todo, es muy inteligente. Antes de la definición con Colombia fuimos repasando, y se acordaba de adónde pateaba cada uno”, comentó el hijo de Hugo Tocalli.

Su figura se agigantó en cada partido de la Selección. Pero en los penales directamente se transformó en Godzilla. Y sus proezas asombraron a propios y extraños. “En el primer penal de Países Bajos, el de Van Dijk, se estira un metro y no sé cuánto este animal, y el jefe de entrenadores de arqueros de la FIFA me dijo que nunca había visto a alguien dando ese primer paso del Dibu. No lo podía creer. Igual, insisto: lo principal es la cabeza. Dibu sabe que va a ganar la serie, es un ganador natural, y más que nunca con lo que fue construyendo. Hoy, incluso, es mejor arquero que en el Mundial, porque mejoró varias cosas, como la ubicación, los desplazamientos… El tema es que él busca ser el mejor y ahí volvemos al tema de la cabeza. Tiene esa mentalidad de querer seguir ganando. Si le digo: ‘Tirate 200 veces para aquel lado’, lo hace sin decir mu”, completó su radiografía Tocalli, que no hace más que completar la sensación de todos los amantes del fútbol: Dibu es inigualable.

La biografía de Scaloni, escrita por Diego Borinsky: allí aparece el testimonio de Tocalli