Boca Juniors y River Plate, una de las rivalidades más grandes de la historia del fútbol que tuvo una época de grandes gestos de amistad (Imagen Ilustrativa Infobae)

Hablar de una amistad entre River Plate y Boca Juniors en el siglo XXI suena a un auténtico delirio. Los protagonistas del Superclásico son y serán eternos rivales, pero la rivalidad que ya tiene más de 100 años desde su primer enfrentamiento —triunfo riveplatense por 2-1 en 1913— tuvo épocas más afectuosas. El periodista y escritor Andrés Burgo, en su libro Este es el famoso River, 125 años (Editorial Planeta), el cual recorre la inmensa historia del Millonario, recapituló las décadas en las que ambas instituciones tenían una relación considerablemente amena desde la dirigencia hasta las hinchadas, pese a nunca dejar de lado su histórica rivalidad.

Para mediados del siglo XX, la enemistad entre los equipos “ya se había metamorfoseado de un duelo barrial a una pulseada nacional, pero las huellas rojas y blancas en La Boca todavía eran muy recientes”. Fundado en la Dársena Sur, River vistió el barrio boquense con sus colores hasta 1922, cuando se mudó a Alvear y Tagle en Recoleta antes de su traslado definitivo en 1938 al Monumental. A pesar de que los años pasaron, la huella millonaria todavía tenía residuos y en 1947 se vivió una situación inédita: los jugadores del Xeneize recibieron a los flamantes campeones riverplatenses con los brazos abiertos.

Hermosa fiesta de confraternidad brindó Boca a su adversario clásico, River”, tituló el diario La Razón, mientras que su par Crítica sintetizó: “Celebró Boca con cordial alegría de hermano”. Según la reconstrucción del autor del libro mencionado, tras la celebración en el Monumental, “las figuras de Boca y de River compartieron mesa e instrumentos musicales para festejar el título de uno de los clubes del barrio” sobre la calle Almirante Brown (River tuvo una secretaría allí hasta 1938).

La imagen entre Juan Román Riquelme y Pablo Aimar, grandes amigos afuera de la cancha, que es recordada por el peso de la amistad en medio de la rivalidad del Superclásico

Uno de los hechos inéditos más recordados sucedió a inicios de 1948 cuando ambas instituciones se convirtieron en un mismo equipo para jugar un amistoso en Brasil contra un combinado de Palmeiras, Corinthians y Sao Paulo: “El representativo jugó el primer tiempo con la camiseta de Palmeiras y el segundo con la de Boca, pero Ángel Labruna, siempre alérgico al azul y amarillo, fue reemplazado en el entretiempo: nunca se le preguntó sobre el tema, pero es posible que no haya querido jugar con los colores ajenos”.

Varias décadas atrás, en 1909, el Millonario le prestó futbolistas al Xeneize para un partido a beneficio. Al unísono en 1911 y 1918, conformaron un mismo elenco para los enfrentamientos barriales entre La Boca y Avellaneda, compuesto por Racing e Independiente. En otro plano, en 1974 y 1975 volvieron a conformar un mismo plantel para una serie de amistosos contra la selección argentina y un combinado de Agremiados.

Otros gestos entre las instituciones se llevaron a cabo a mediados de 1949, cuando un Boca en crisis que deambulaba por los últimos puestos con el descenso al acecho salió al mercado de pases en búsqueda de reforzar su plantel de forma desesperada. “River le tiende una mano al viejo rival boquense”, tituló el diario de la época Crítica, el cual señaló que “ha ofrecido cualquier jugador cuyos servicios no sean imprescindibles. Y los ofrece sin cargo alguno, a préstamo hasta fin de año”. Claro está, ninguno era titular. Más allá de que el Xeneize descartó los cuatro ofrecimientos y quedó únicamente en un detalle, el autor del libro planteó una duda con pocas certezas. “Cuál había sido la intención de fondo de nuestro presidente, Antonio Vespucio Liberti: ¿En el auxilio al máximo rival se encubría algún tipo de paternalismo burlón o de misericordia fingida?”, planteó el periodista Andrés Burgo.

En 1985 no se jugó un amistoso en Jujuy entre River y Boca después de que el organizador del evento lo suspendiera. Ambos equipos ya estaban en el estadio para jugar, aunque el aforo en las tribunas no fue el esperado

No se trata de edulcorar el pasado sino de reconstruir una época en la que la bravura se daba la mano con la cofradía”, resumió de forma perfecta el escritor a la hora de reconstruir la historia de “amistad” entre los acérrimos rivales. En una actualidad en la que los hinchas visitantes están prohibidos y su vuelta pareciera estar lejos de concretarse y el último superclásico con las dos parcialidades fue el 5 de mayo del 2013 —empate 1-1 en La Bombonera con tantos de Santiago Silva y Manuel Lanzini, que convirtió a los 43 segundos el gol más prematuro de la historia—, el período de camaradería derivó también en localías invertidas.

El Monumental albergó los Juegos Panamericanos de Buenos Aires en 1951 y, como el césped estaba en restauración, River fue local en La Bombonera el 15 de abril en la igualdad 1-1 contra Lanús por la primera jornada del torneo. “Mucho tiempo después, en 1976, nuestra gente volvería a ocupar los sectores locales de la Bombonera, incluida la segunda bandeja que habitualmente utiliza la barra de Boca. Imagen hoy imposible, sucedió —por ejemplo— ante Rosario Central el 20 de junio de ese año por la 2ª fecha de la ronda final del Metropolitano 1976, un torneo que tenía una particularidad: los 12 participantes se enfrentaban en una ronda a un único partido en cancha neutral”, retrató Andrés Burgo en su libro centrado en la historia millonaria.

La localía inversa también tuvo su momento para el bando contrario. En 1984, con La Bombonera clausurada por riesgo de derrumbe, River le cedió el Monumental por un puñado de partidos para que el Xeneize albergue sus duelos como local. En este contexto, se vivió uno de los Superclásicos más inauditos: Boca fue local en Núñez en la igualdad 1-1 por el Metropolitano frente a la Banda. Pese a la singularidad, las hinchadas ocuparon sus tribunas tradicionales (River en la cabecera Sívori, en ese entonces Almirante Brown, y Boca en la Centenario) al igual que los jugadores en sus respectivos vestuarios: “Fotos de aquel día muestran una conscripción de socios de Boca en las puertas de la cancha de River: había tolerancia a la convivencia”.

El Superclásico de 2013 fue el último con las dos hinchadas en el estadio (Foto: Javier Garcia Martino / Photogamma)

Con el correr de los años y los enfrentamientos, la relación entre las entidades decayó a la par que el ambiente en las tribunas mutó a un ámbito más hostil. Pero antes de que las barras invadieran los estadios hubo más gestos de hermandad. En 1955, River arribó al Superclásico como flamante campeón del fútbol argentino y, al igual que en 1942 cuando se aseguró el título al igualar 2-2 en la Ribera, los jugadores optaron por no realizar la vuelta olímpica en rodeo ajeno.

Tras imponerse 2-1 y recibir la felicitación del presidente Xeneize Alberto José Armando, el plantel dirigido por José María Minella “festejó a lo grande en la cancha y en el barrio: se fueron en caravana con banderas y globos cantando por la avenida Almirante Brown en dirección al centro de la ciudad”. Boca, por su parte, tuvo revancha años más tarde y dio la vuelta olímpica en Núñez al consagrarse campeón del Nacional de 1969.

En algún momento, posiblemente a partir de las décadas del 60 o el 70, la rivalidad erupcionó en enemistad”, recordó el autor del libro, quien puntualizó en el día en que las barras de ambos equipos cantaron en contra de la policía tras la tragedia de la Puerta 12 en 1968, uno de los acontecimientos más trágicos de la historia del Superclásico.

Los festejos de Boca de la Liga Profesional 2022 después de recibir una gran ayuda por parte de River, que venció a Racing en Avellaneda (REUTERS/Matias Baglietto)

En una actualidad en la que los campeones del mundo en Qatar 2022 empezaron a pegar la vuelta al fútbol argentino y acaparan los flashes en todos los recintos, en 1986 hubo un Superclásico en el que cinco ganadores de México fueron ovacionados por ambas parcialidades en La Bombonera: Nery Pumpido y Héctor Enrique, de River, y Julio Olarticoechea, de Boca. La situación de Óscar Ruggeri y Carlos Tapia fue más peculiar, ya que cambiaron de vereda con anterioridad y eso pasa factura.

Con el tiempo, los gestos de hermandad se volvieron tan poco habituales incluso en lo folclórico”. No obstante, en los últimos años se vivieron dos gestos. El primero ocurrió para la final de la Copa Libertadores 2018 cuando una lluvia torrencial azotó la ciudad de Buenos Aires y River envió tres rodillos rojiblancos para que los trabajadores de Boca puedan mejorar las condiciones del césped inundado de La Bombonera. Los esfuerzos fueron inútiles y el duelo de ida se postergó al domingo 11 de noviembre.

Al igual que la final en Madrid, otro de los acontecimientos que quedó grabado en los libros dorados del fútbol argentino se centra en la última fecha de la Liga Profesional 2022. Boca necesitaba un favor gigante de River: vencer a Racing en el Cilindro de Avellaneda para salir campeón. “Teníamos que resguardar nuestra dignidad. En un país donde todo es tan mezquino, desde el fútbol tenemos la posibilidad de sembrar semillas que signifiquen que se puede tener respeto y dignidad”, argumentó Marcelo Gallardo luego de la victoria por 2-1 del Millonario frente a la Academia, que malogró un penal atajado por Franco Armani. La tapada del Pulpo, como el gol de Miguel Ángel Borja en el último minuto, se celebraron en el empate 2-2 contra Independiente en La Bombonera que decretó el título azul y oro.

*Todos los extractos están sacados del libro “Este es el famoso River, 125 años” (Editorial Planeta), realizado por el periodista y escritor Andrés Burgo y que fue publicado en abril de 2026