Milei, Lemoine,

El presidente Javier Milei reunió ayer por la tarde en la Quinta de Olivos a un grupo de influencers y militantes libertarios con un objetivo político concreto: relanzar la “batalla cultural” desde las redes sociales, en un contexto de tensión con el periodismo tradicional y de ruido interno para el Gobierno.

El encuentro, que se extendió por algo más de una hora y media, fue articulado por los diputados Lilia Lemoine y Sergio “Tronco” Figliuolo, dos de los principales enlaces entre el oficialismo y el ecosistema digital libertario. También participó el director de Realización Audiovisual de la Presidencia, Santiago Oría, encargado de la construcción estética y narrativa de la comunicación oficial.

Según pudo saber Infobae, la convocatoria reunió a perfiles con fuerte presencia en redes sociales que actúan como amplificadores del discurso libertario. Entre ellos estuvieron Matías Andrés Bernal Campos (“El herrero liberal”), Lucas Emmanuel Apollonio (“El ojo del poder”), Christopher Marchesini (“Mate con Mote”), además de Yayi Morales, Sofía Grimau, Candela Vidal y Mariano Oliveros.

Matías Andrés Bernal Campos (“El herrero liberal”), Lucas Emmanuel Apollonio (“El ojo del poder”), Christopher Marchesini (“Mate con Mote”), y Sofía Grimau

Lejos de tratarse de un encuentro protocolar, la reunión tuvo un contenido político definido: reforzar el rol de las redes como principal campo de disputa frente a los medios tradicionales y consolidar una narrativa común en defensa del rumbo del Gobierno. El concepto de “batalla cultural”, central en el ideario de Milei, funcionó como eje ordenador de la conversación.

Los mensajes que difundieron los participantes tras el encuentro permiten reconstruir ese clima. “Hablamos del cambio de época que está viviendo la Argentina, de la importancia de dar la discusión cultural y de cómo las redes hoy rompen el monopolio del relato tradicional”, sostuvo Bernal Campos, en línea con el diagnóstico que el oficialismo viene sosteniendo desde la campaña.

En el mismo sentido, Apollonio fue más explícito en la confrontación: “El acompañamiento desde las redes sociales es esencial frente al ataque constante de medios y periodistas maliciosos”, afirmó, al tiempo que llamó a “no aflojar” en la disputa cultural y ratificó el respaldo al Presidente.

La secuencia no terminó en Olivos. Horas después de la reunión, Milei publicó en su cuenta de X un extenso mensaje en el que profundizó sus críticas al periodismo y volvió a plantear su visión sobre la libertad de expresión. Allí sostuvo que “nunca en la historia argentina hubo tanta libertad de expresión como hoy” y cuestionó a quienes, según su mirada, confunden ese derecho con la posibilidad de expresarse sin consecuencias.

“Un error que suelen cometer los periodistas es creer que libertad de expresión significa decir cualquier cosa sin ningún tipo de consecuencia. Eso no es libertad de expresión. La libertad exige responsabilidad”, escribió el mandatario, en un texto que también incluyó críticas al sistema de medios y al financiamiento a través de la pauta oficial.

La articulación entre el encuentro con influencers, la difusión de mensajes alineados en redes y la intervención directa del Presidente configura un esquema de comunicación cada vez más consolidado: menos intermediación, mayor control del encuadre y una comunidad digital movilizada para amplificar y defender la narrativa oficial.

El movimiento no fue aislado. La reunión se produjo mientras impactaban con fuerza las revelaciones del contratista Matías Tabar, quien aseguró que el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, le habría pagado 245 mil dólares en efectivo para realizar refacciones en su casa en el country Indio Cuá. Ese episodio generó incomodidad en el oficialismo, pero no apareció en los mensajes de los participantes, que optaron por reforzar el respaldo político y discursivo al Gobierno.

En ese contexto, la convocatoria en Olivos funcionó también como un mecanismo de ordenamiento interno: alinear voces, fijar prioridades y sostener una agenda propia frente a temas que podrían desviar el foco. La “batalla cultural”, en ese esquema, opera como paraguas conceptual para reagrupar a la base de apoyo y desplazar el eje de discusión.

Desde la llegada de Milei al poder, la construcción de una red de comunicadores afines se volvió una pieza central de su estrategia. A diferencia de administraciones anteriores, el Presidente redujo al mínimo su exposición en medios tradicionales y privilegió intervenciones puntuales o espacios donde controla el formato y el mensaje.

El Herrero Liberal y Javier Milei, en Olivos

En ese diseño, los influencers no son solo replicadores: funcionan como nodos de producción de contenido, interpretación política y respuesta inmediata. Su capacidad para instalar temas, viralizar consignas y disputar sentido en tiempo real los convierte en actores relevantes dentro del ecosistema comunicacional del oficialismo.

La reunión en la Quinta de Olivos reforzó esa lógica. Allí, Milei no solo expuso su visión sobre el momento político y económico, sino que también buscó consolidar una comunidad digital cohesionada, con un discurso homogéneo y alineado con los objetivos del Gobierno.

El resultado fue visible en las horas posteriores: mensajes coordinados, defensa cerrada de las reformas y una ofensiva discursiva contra el periodismo tradicional. Todo bajo una misma premisa: que la disputa central del oficialismo no se limita al plano económico o institucional, sino que se juega —cada vez más— en el terreno de la cultura y la comunicación.

En ese escenario, el relanzamiento de la “batalla cultural” desde las redes no aparece como un gesto retórico, sino como una decisión estratégica. Milei apuesta a consolidar un circuito propio de legitimación y amplificación, capaz de sostener su narrativa incluso en contextos adversos.

La reunión con influencers libertarios en Olivos fue, en ese sentido, una señal clara: el Gobierno no solo busca gobernar, sino también disputar —de manera permanente— el sentido común en el espacio público. Y para eso, las redes sociales se consolidan como su principal campo de batalla.