
“Somos una selección perseguida”. Una frase fuerte. Y más si brotaba de la boca de Maradona. Pero no era un Diego encolerizado y vehemente. Todo lo contrario. Estaba en un estado de calma, cercano a cierto atisbo de resignación. Entrevistado por la revista El Gráfico, regresaba a Italia, luego de la gira del elenco nacional por Europa, en tres partidos que habían profundizado las dudas y el desencanto, cuando solo faltaban dos meses para el inicio del Mundial 86.
La gira de las incógnitas. Fueron tres partidos que dejaron una aciaga sensación en el paladar futbolero del argentino. Comenzó con una derrota frente a Francia 2-0 en el Parque de los Príncipes, continuó con un ajustado triunfo ante Napoli en el San Paolo, donde la descollante actuación de Luis Islas, con varias atajadas increíbles que ayudaron a mantener el 2-1, y se cerró en Suiza, frente a la modestia que podía oponer el Grasshopper local. La victoria fue por 1-0, alfombrando de incógnitas el sendero por venir, donde nada positivo parecía florecer, pese a cierto conformismo de los protagonistas.
Ante el corresponsal de la revista, Diego dejaba en claro su posición: “Somos una selección perseguida e incomprendida. Porque hay mucha gente a la que nada le viene bien, nada la satisface, para la que Borghi ya no es la promesa, Pasculli el goleador, ni Maradona el jugador en el que creían. Claro que si, Argentina es una selección perseguida. Si la gente no nos quiere, qué vamos a hacer. Nosotros seguimos con lo nuestro, compenetrados a muerte en las metas que nos fijamos. Aunque tengamos que luchar solos”.
Maradona jugó los tres partidos, pero por momentos parecía ausente, lejano y ajeno al trámite de los partidos, algo infrecuente en su carrera, más si se trataba de la selección nacional. Hasta su aspecto denunciaba un halo de tristeza. Con ojos vacíos, sin rebeldía y una tupida barba, símbolo inequívoco, para los “Maradonólogos” de que el astro atravesaba algún problema importante.

El mes de marzo había sido sin mayores sobresaltos para Bilardo y sus muchachos, abocados a la preparación de la gira. La gran duda giraba en torno a la presencia de Daniel Passarella, porque su equipo, Fiorentina, no lo autorizaba, quizás en represalia por sus negociaciones con el Inter de Milán. A pocas horas del partido ante Francia, la situación se destrabó y el Kaiser fue titular.
El jueves 20, apenas unas horas más tarde de concluida una fecha entre semana del torneo local, el plantel con 16 futbolistas se embarcó rumbo a Europa, adonde se les unirían Diego Maradona, Jorge Valdano, Daniel Passarella, Jorge Burruchaga y Pedro Pasculli. Ellos fueron: Sergio Almirón, Sergio Batista, Claudio Borghi, Ricardo Bochini, José Luis Brown, Néstor Clausen, José Luis Cuciuffo, Oscar Dertycia, Oscar Garré, Ricardo Giusti, Luis Islas, Gerardo Martino, Nery Pumpido, Oscar Ruggeri, Carlos Tapia y Jorge Theiler.
Algunos apellidos llaman la atención. Por ejemplo el Tata Martino, que nunca antes había sido convocado, pese a su excelente y sostenido rendimiento en Newell´s. Lo mismo Theiler, zaguero del mismo cuadro rosarino, llamado sobre la hora, por la, por entonces, segura ausencia de Passarella, pero sin antecedentes en el equipo de Bilardo. Además de ellos, Oscar Dertycia fue el otro integrante de la delegación que finalmente no estaría en el plantel campeón en México.
Julio Olarticoechea había sido parte de la selección en los dos primeros años del ciclo del doctor, pero renunció a fines del ‘84. Un par de meses más tarde, llegó a Boca junto a Carlos Tapia, en la misma transferencia en la que pasaron Gareca y Ruggeri a River. En el cuadro Xeneize, el Vasco la rompió y volvió al radar de Bilardo, como nos lo evocó: “Mi rendimiento era muy bueno y por eso llegó el llamado de Carlos, en el mes de marzo, cuando se acortaban los tiempos para la lista definitiva del Mundial. Carlos Pachamé, su ayudante, me fue a ver al vestuario de La Bombonera el domingo 16 de marzo, luego de ganarle a Argentinos, para que fuera al día siguiente a las tres de la tarde, a un bar de Corrientes y Uruguay. Era un lugar enorme, donde no había nadie, solo Bilardo, sentado a una mesa en el medio del salón, engripado y con la nariz muy colorada (risas). El motivo era que me quería llevar a la gira que se iniciaba pocos días después, pero le dije que no, porque nos habían robado en casa y no quería dejar a mi esposa sola con las nenas chiquitas”.

Había una inmensa expectativa. Aquel miércoles 26 de marzo, previa de la Semana Santa, muchos se apuraron para poder llegar a sus casas y ver el partido ante Francia que nos trajo la pantalla de Canal 9. Se lo había promocionado, acá y allá, como Maradona vs Platini, duelo que también se daba en el Calcio, donde el crack francés era múltiple campeón con la casaca de la Juventus. Sin embargo, Michel no fue de la partida.
El doctor Bilardo mantuvo la táctica de las Eliminatorias, con cuatro defensores, archivando (no por mucho tiempo), la idea de la línea de tres. De mitad de cancha para adelante, la apuesta era a los encuentros Maradona – Borghi – Burruchaga, y Valdano como referencia ofensiva. La historia arrancó bien, con una chance clara, cuando Ruggeri bajó un centro de Garré al punto penal, para Diego. En lugar de rematar de primera, o inventar algo, la quiso bajar con la derecha, dudó y fue bloqueado por un defensor. Un Maradona terrenal. Un Maradona que no era Maradona y comenzaba a denunciar una performance alejada de su nivel, como esos asteroides que orbitan fuera de su zona natural.
En la jugada siguiente, Francia abrió el marcador y todas las dudas defensivas. Fue una jugada rápida, de contragolpe, con Bellone ganándole por derecha a Oscar Garré, lanzando el centro, que Clausen peinó en forma defectuosa. El excelente Amorós mandó el centro y Ferreri de cabeza puso el 1-0. Los desacoples y el flojo momento de ambos marcadores laterales, sobre todo del hombre de Independiente, en crisis con su propio equipo, dejaron expuesta la falta de sincronización de la última línea.
La remanida duda, sobre quién podía ser el conductor, a falta de Maradona, por ausencia, buena marca o una mala noche, como estaba ocurriendo en París, pareció tener una respuesta concreta: Claudio Borghi. Con su reconocida calidad y talento, manejó cada ataque y tuvo el punto cúlmine cuando cerca de los 30, tras un pase de Diego, disparó su marca de fábrica, la rabona. Fue de primera y se la puso como con la mano a Valdano, quien hizo todo bien: la durmió en el pecho y cuando caía, sacó un furibundo remate que reventó el travesaño.
Nos ilusionamos con ese Borghi. Y prontamente nos desencantamos. Mostró su otra cara, la de las reacciones extemporáneas. Estando amonestado, fue anticipado por Luis Fernández, y respondió con una violenta infracción que le valió una lógica y justa tarjeta roja. Creo que ese pudo ser el quiebre de una carrera que se presentaba de diáfano horizonte y sin límites. La peor cara de Borghi, la del autoboicot, le ganó a la otra, la del jugador brillante.
Con uno menos, la historia se hizo cuesta arriba. Las grandes intervenciones de Pumpido evitaron más goles, hasta que llegó el segundo, a diez del final, con un remate de corto de Vercruysse, ante una nueva reacción tardía de Clausen. Tres días más tarde fue el amistoso ante Napoli en el estadio San Paolo, ya camino a convertirse en el templo de Diego. El doctor decidió cambios de esquema y de nombres. Ya se sabía que Jorge Valdano no podría estar (Real Madrid solo lo había cedido para el match ante Francia) y por el ingresó Sergio Almirón. La otra modificación fue la salida de Clausen, dejándole su lugar a Pedro Pasculli, con el consecuente cambio táctico. Tres defensores (Ruggeri – Passarella – Garré). Giusti como lateral volante, en un anticipo de lo que se vendría en México, Batista en el centro y luego Burruchaga, Maradona y Borghi, con movilidad, para asistir a los delanteros citados.

Había ganas de mostrar otra cara. Y a los 11 minutos Argentina ya estaba en ventaja 2-0 con las conquistas de Pasculli de cabeza y Oscar Garré, con un zurdazo que se clavó en el ángulo de Garella. Fue una media hora convincente, con positivos encuentros en los metros finales. A cinco del final de la primera etapa, Pecci descontó y ello obró en contra de un equipo frágil en lo anímico. En el complemento, se vio acorralado por un Napoli voluntarioso, sin su mejor figura (estaba enfrente) y la extraña presencia del argentino Juan Barbas, que pertenecía al Lecce, pero actuó allí, para ser observado por Bilardo, quien ya lo había tenido bajo su mando en las Eliminatorias, pero no lo convocaría para el Mundial. Los tres futbolistas que ingresaron en el complemento (Tapia – Martino – Bochini), aportaron a cuentagotas su indiscutible categoría. La fantástica actuación de Luis Islas, con cuatro atajadas, una más imposible que la otra, mantuvieron el 2-1, para decretar un triunfo que sirvió de muy poco.
La bucólica ciudad de Zurich, con sus rojos tejados y sus increíbles paisajes, que parecen extraídos de una pinacoteca, fue el marco para la última presentación. Canal 9 tenía los derechos para transmitir los tres partidos de la gira. Los dos anteriores fueron en directo, pero éste, disputado un martes por la tarde, se vio en diferido. Alejandro Romay, su dueño, no quiso tocar algunos programas exitosos. Y eso también marcaba el grado de desinterés que buena parte del público tenía para con el equipo.
Bilardo dispuso una tradicional línea de cuatro, con Pumpido en el arco, Clausen, Ruggeri, Passarella y Garré. La novedad estuvo en el centro de la cancha, donde el Tata Martino tuvo la chance de ser titular, con Giusti a su derecha y Tapia a la izquierda. Más adelantados, Borghi con Maradona y Pasculli como única punta. El rival, con la simple táctica de juntar gente en la mitad de cancha lo fue complicando. La aparición de Bochini en el segundo tiempo, aportó claridad y colocó una de sus maravillosas habilitaciones para que Almirón marcara el único gol de la noche.
La preocupación era enorme. Incluso llegaría hasta al gobierno, como ya veremos en la entrega correspondiente a abril. Al llegar al país y consultado si se sentía abatido, Bilardo respondió: “No. Y juro que tengo más ganas que nunca. Solo estoy esperando entrenar. Cuando salgamos para la segunda gira y lleguemos a México, todo será distinto”…



