
El marco del torneo chileno es algo poco usual, con algunas de las montañas más altas rodeando el predio, y con la tonalidad de ese fondo pétreo, variando con la puesta de sol que las va pintando de color rojizo.
Catalina Fillol es la hija de Jaime Fillol, una leyenda del tenis chileno y fundador de la ATP, que rige el calendario y las normativas de los tenistas. Lejos de ser un peso para ella, reconoce que se siente “superorgullosa de estar asociada” al nombre de su papá, “que me ha dejado la vara muy alta, en el sentido de ese cariño y ese respeto que tiene la gente por él”.
Catalina se ha convertido en la líder del torneo más importante de Chile y de una de las patas que sostiene la Gira Sudamericana de tenis, durante el mes de febrero, junto con el Argentina Open y el Río Open. Y su apreciación respecto al futuro de esta serie de torneos regionales resulta fundamental para la definición del rumbo que tomará en un futuro cercano.
“Lo que digo es que nosotros, como organización, haremos todo lo que sea necesario para mantener un ATP 250 en el país. Y si nos tenemos que adaptar, ya sea por calendario o por la superficie, estamos dispuestos a hacerlo. No hay más vuelta que eso”, le confesó al podcast Tres Iguales, luego de conocer la decisión que tomó Brasil y la aparición del Masters 1000 en los países árabes.
Una cuarta Gira en el calendario, durante las mismas semanas, y que incluya a un certamen de esa magnitud inclina la balanza y requiere definiciones. “El tema del Masters 1000 en Arabia era algo que veíamos venir hace uno o dos años y competir con un monstruo así es muy difícil. ¡No hay bolsillo que aguante! Y mucho menos con los presupuestos que nosotros tenemos en Sudamérica”, continuó Cata en su evaluación de cuál debe ser el camino a tomar.
“La lógica, para mí, tiene que ver más con el swing del calendario en sí”, comentó la directora del torneo y explica: “O sea, si Buenos Aires, Río y Santiago estamos de acuerdo en cambiar a noviembre, va. Pero si estamos de acuerdo en mantener la fecha y cambiar de superficie, bueno, rememos así. Pero tiene que ser algo en conjunto y potenciado entre los tres torneos”.

Sin embargo, profundizando más sobre el tema, reconoció que “si nos dicen que nos mantenemos en esta fecha, pero que la tenemos que compartir con el Masters 1000 de Arabia, ya te digo que no. Pero hay muchos factores que definen qué es mejor y, hasta que no estén todas las piezas sobre la mesa, es difícil tomar esa decisión”.
Catalina fue modificando su rol en el mundo del tenis, de comenzar empuñando la raqueta pasó a tener un rol más organizativo. Siguiendo la tradición de la familia compitió en categorías de menores, “pero me ponía nerviosa”, se sincera y comenta que las personas veían su nombre en el programa de partidos y decían “es la hija de Jaime” y se iban a esa cancha. “Y yo pensaba: ‘¡No! Me van a ir a ver’”, recuerda, mientras estalla en risas.
Fue su paso por la universidad en Estados Unidos la que le permitió aprender el otro lado del deporte. “Allí tomé un rol de capitana del equipo y representante de los deportistas de la Universidad. Empecé con roles más allá de la cancha y me di cuenta de que eso me gustaba mucho”, manifestó respecto al perfil profesional que fue tomando dentro del contexto familiar en el que había crecido. “Somos una generación nueva, por así decirlo, en lo que es la historia del tenis. Si bien mi papá lleva muchísimos años haciendo este torneo, ahora somos los hijos de Jaime los que estamos aquí trabajando todos juntos. Si se dan cuenta, esto es casi un evento de familia, en el que nos distribuimos en distintas áreas”.
El torneo chileno se desarrolla en un clima de altura, casi desértico, seco, soleado y caluroso por la mañana y fresco por la noche, “tipo 5 o 6 de la tarde, ya baja muchísimo, hace frío de noche”, dice Cata. Los mil metros sobre el nivel del mar y la diferencia térmica, hace que sea muy distinto jugar de día que de noche, porque la pelota pica distinto. No obstante las diferencias con otros certámenes, a la hora de extender el presupuesto, los números responden de la misma manera. “La valoración de nuestro torneo es de 3.8 millones de dólares”, explicó, una cifra específica que todos los organizadores evitan hacerla trascender.
A diferencia de lo que crece en el imaginario popular, el price money (los premios que reparte el torneo), 700 mil dólares, es poco menos de una cuarta parte de ese total que engloba estadios, amenities, comidas, etc. “Acá, como ves, tenemos que montar graderías, espacios comunes para la gente, tenemos 400 metros de pantalla LED (alrededor de toda la cancha y una que cubre todo el fondo), la conectividad, la electricidad, etc. Pero, nosotros buscamos todos los años ir creciendo, haciendo un evento cada vez más consolidado”, comentó Fillol sobre la inversión que se hace para llevar a cabo el certamen.
En el contexto de las tradiciones regionales, la directora del Chile Open tiene su visión acerca de dejar el polvo de ladrillo para pasar a cemento y afirma que “no es una respuesta blanco o negro, porque depende de lo que tengamos antes o después. Si me dices que hay que hacer cemento, porque estamos antes de un Masters 1000 en cemento, sería lo lógico para un tenista. Claro, como país y por tradición, sería una pena perder lo que es la cultura de la arcilla, pero el tenis va cambiando. En el fondo, uno se tiene que ir adaptando y yo creo que es importante mostrarle al mundo que nosotros, como Gira, estamos dispuestos a hacer lo necesario para hacer crecer al tenis de la región”.
“A nosotros nos cuesta muchísimo remar para ir creciendo y armar un calendario bien hecho. Es difícil competir con países que tienen mucho mejor infraestructura, más dinero invertido y con los gobiernos muy involucrados”, dice Catalina, quien, además, trabaja casi codo a codo con los directores de los otros torneos de la Región: “Ya hace varios años que vamos conversando en conjunto, sobre todo, por las invitaciones a los jugadores. Tenemos que estar de acuerdo en a quiénes traer y esas conversaciones nos han unido como gira”.
A pesar de todas las decisiones que hay que tomar hacia adelante, ella piensa que “sería muy raro, en el fondo, sacar algo que tiene tantos años de tradición, tantos fanáticos y tanto consumo. El sudamericano quiere y ha disfrutado del tenis y, también, de las victorias del tenis durante muchos años”.
Es por eso que ella cree que, “como Gira, lo que tenemos que ir mostrando todos los años es que vamos creciendo y de que el público llena los estadios. Yo le tengo muchísima fe a la Gira, al tenis en Sudamérica. Nosotros, acá en Chile, disfrutamos las grandes victorias deportivas que se han dado, desde la época de mi papá hasta ahora, con lo que han hecho Alejandro Tabilo y Cristian Garín, por ejemplo”.
En ese contexto, y mientras las montañas cordilleranas se van tiñendo del dorado del sol, la directora del certamen de Santiago de Apoquindo mantiene la esperanza de una buena negociación y resultado. “Yo le tengo mucha fe a esta Gira, tenemos que seguir mostrando que acá el tenis se vive con mucha energía y con mucha pasión”, cerró.



