Héctor Vargas está radicando hace muchos años en Honduras

Estudiantes y Gimnasia y Esgrima tienen una historia en común en La Plata, con un duelo que paraliza a la Ciudad de las Diagonales en cada clásico platense. Más allá de eso, son 46 futbolistas que han sabido jugar tanto en el Lobo como en el Pincha a lo largo de la historia de los torneos de AFA. “Son totalmente opuestos. El hincha de Gimnasia es mucho más buena gente y menos exigente. El de Estudiantes es demasiado exigente. Es muy resultadista”, afirma Héctor Vargas, quien nació futbolísticamente en el Pincha, y tras un paso por Temperley, llegó al Lobo para luego retornar posteriormente al León para llevar a cabo su segundo ciclo.

El León de Formosa, tal como se lo conoce popularmente, debutó en Estudiantes de la mano de Carlos Salvador Bilardo e integró el plantel campeón del Metropolitano 1982, que tuvo a figuras como Miguel Ángel Russo, José Daniel Ponce, Alejandro Sabella, Marcelo Trobbiani y Lucho Malvarez, entre otros.

“Bilardo nos decía ‘¿quién descubrió América?’. Le respondíamos ‘Cristóbal Colón’. Luego, nos repreguntaba ‘¿quién fue el segundo que entró a América, detrás de Colón?’. Nadie sabía. Y agregaba: ‘Nadie se acuerda de los segundos. Acá hay que terminar primero. De los primeros se acuerdan todos. De los segundos, nadie. Ser campeón es una obligación para los jugadores de Estudiantes, para los de Gimnasia no, ya que disfrutan más del partido’”, recuerda el ex volante central en diálogo con Infobae.

Sus primeros colores, los de Estudiantes de La Plata

En 1986, arribó al Lobo, pero solo jugó una temporada, debutando ante su ex club, Temperley, en la victoria por 1-0 en noviembre de ese año. “En La Plata me decían León por mi paso por Estudiantes. Pero en Gimnasia, nadie me llamaba por ese apodo”, cuenta risueño el formoseño que llegó a la Ciudad platense en enero de 1976 para sumarse a las divisiones inferiores pincharratas.

Tras colgar los botines a los 32 años, Vargas se recibió de director técnico y comandó la Reserva del Pincha, en donde jugaban Martin Palermo y Juan Sebastián Verón, entre otros. Luego, le tocó dirigir dos partidos en la Primera de Estudiantes, antes de partir rumbo al fútbol de Honduras. En ese país, se consolidó como entrenador y lleva más de 25 años dirigiendo clubes de primera división. “La pasión tiene un límite. Y en Argentina la pasión por el fútbol se volvió enfermiza”, lamenta Vargas, de 66 años.

– ¿Qué es de su vida, Héctor?

-Y mi vida es esto, encontrar un lugar en el mundo.

– ¿Lo encontró?

– Sí, lo encontré aquí, en Honduras. Ya llevo 29 años, aunque me volví justo a Argentina en el 2001 y estuve tres años, durante la crisis del corralito. Con los cambios de presidente, intenté permanecer en Argentina, en el peor momento del país. Pero no pude quedarme y regresé a Honduras en el 2004. Estuve dos años sin trabajar y me casé con una hondureña. Tengo tres hijos hondureños. Mi esposa es de aquí, por eso me quedé. Y como todo argentino que se va del país, sale en busca de un lugar en donde se sienta bien. Desde el 2006 que estoy trabajando en fútbol de Honduras. Eso me ha sostenido en el país, porque realmente este país me recibió bárbaro y me ha ido bien.

– ¿Cuánto tuvo que ver la mala situación económica de Argentina en el 2001 para que regrese a Honduras?

Mucho tuvo que ver. Estuve desde el 2001 hasta casi finales de 2004. Llegué a los poquitos días que sale en helicóptero con Fernando De La Rúa de la Casa Rosada. Entonces, fueron esos días de cambios de presidentes, en un país convulsionado por una inflación galopante. Aquí, Honduras tiene su foco de inseguridad, con una división económica muy marcada, porque hay gente que tiene mucho dinero y otra que es bastante pobre. Pero depende de los lugares a los que vayas. Los barrios comerciales son mucho más seguros que en Argentina. La gente puede caminar por los centros de las ciudades que son mucho más seguros que allá. Ojo que, en Honduras, pusieron regímenes también que se podrían implementar en Argentina para evitar robos.

Luego de un paso por Temperley, Vargas pasó a Gimnasia y Esgrima La Plata

– ¿Cómo cuáles?

– Por ejemplo, aquí dos hombres en moto no pueden viajar juntos, para evitar robos. Sí pueden viajar una mujer y un hombre, pero dos hombres no. Entonces, de esta manera se evitan los motochorros, que hay muchos en Argentina. También frenaron el robo de celulares porque son muy baratos para comprar, porque traen muchos de los Estados Unidos. Entonces, por la competencia interna no hay robos, ya que no sirve vender celulares robados. Muchos inmigrantes en Estados Unidos les mandan a sus familiares de Estados Unidos los teléfonos nuevos, entonces es mucho más fácil conseguir un teléfono bueno aquí qué en otro país, por ejemplo.

– ¿Le retuvieron dinero en el corralito en el 2001?

– No, en el corralito no me retuvieron dinero, porque yo tenía una persona que fue 20 años asesor del Banco Central y cuando vio venir la situación, me avisó. Me fui de Argentina por la posibilidad de trabajo como entrenador, ya que en el fútbol argentino la competencia es muy difícil, ya que estás compitiendo con campeones del mundo y con líderes de gran valía en los equipos. Entonces, cuando ves que la competencia es difícil, buscas otro lugar para seguir en lo que te gusta. Intenté aquí y me ha ido bien. La verdad que dirigí el equipo más grande del país, Olimpia Deportivo, durante tres años y medio. Fui campeón tres veces, y además dirigí a tres o cuatro equipos grandes y salí campeón con dos.

– ¿Es distinto el fútbol hondureño al argentino?

Es totalmente distinto. El hincha argentino ya deja de ser fanático para ser enfermo por un equipo. Aquí, cuando tenés algo logrado con un club, y pierdes un partido de local por 2-0 o 3-0, así sea contra el rival de toda tu vida o el clásico de la ciudad, resulta que salís firmando autógrafos y sacándote fotos, algo que en Argentina no pasa. En Honduras, la gente te reconoce en las calles por lo que hiciste hace diez años y te siguen reconociendo. Es totalmente diferente a lo que se vive en Argentina.

– Y en las tribunas, ¿el folclore es distinto también?

– Acá la gente va a la cancha, alienta y en la platea se sientan uno al lado del otro, con diferentes camisetas. Por ejemplo, hay un clásico que se llama España contra Maratón. Son equipos de la ciudad industrial, donde vivo y se mueve el dinero de todo el país. Entonces, en las tribunas se sientan, por ejemplo, dos y tres hinchas de un equipo, y dos y tres hinchas del otro. Y cuando hay un gol de un equipo, un hincha lo grita y el otro se queda callado. Hay una diferencia con Argentina, porque no se pueden ver ni siquiera a veinte metros, si no empiezan los piedrazos.

Héctor Vargas dejó la Argentina tras la crisis del 2001

– ¿Se vive de otra manera el fútbol en Honduras? ¿No es tan pasional?

– La pasión tiene un límite. En Argentina la pasión por el fútbol se volvió enfermiza. Yo nací en Estudiantes de La Plata. Arranqué en la Sexta División hasta llegar a Primera, y lo dirigí en la máxima categoría. También estuve en Reserva, salí campeón en Primera con el Estudiantes de Carlos Bilardo, toda una vida en Estudiantes. Tenía un amigo que era de Gimnasia y otro de Estudiantes. El mismo día se casaron los dos. Uno con la camiseta de Gimnasia y el otro con la de Estudiantes. Eran muy amigos los dos, pero casarse con las camisetas de sus clubes debajo de la camisa y el traje, ya es mucho. Esa es la parte enfermiza del fútbol.

– Un poco exagerado, ¿no?

– ¿Un poco?, demasiado. Esas cosas sólo pasan en Argentina. Acá hay fanatismo, pero no a esos niveles. Acá el fanatismo es manejar 300, 400, 500 kilómetros para ver a su equipo, alentarlo y volver el mismo día.

– Es de los pocos en la historia del fútbol argentino que jugó en Estudiantes y en Gimnasia y Esgrima La Plata. ¿Tuvo algún problema por eso?

– Dentro de todo me ha ido bien. Yo jugué profesionalmente en Estudiantes, donde debuté en 1979, y estuve en Gimnasia en 1986. En 1983 dejé Temperley y me fui a Gimnasia, y después volví a Estudiantes otra vez. Soy el único jugador que jugó en las dos instituciones siendo profesional. El resto, se va de un lado a otro y no vuelve. Me decían León, lo único que en Gimnasia nadie me llamaba por ese apodo.

– ¿Por qué tiene que ver con Estudiantes?

– Claro, todos me decían Vargas, ninguno me decía León. En Estudiantes todo el mundo me conoce por León Vargas.

– ¿Es tan enfermizo el clásico Estudiantes contra Gimnasia como el Boca- River, San Lorenzo-Huracán, Independiente-Racing o Rosario-Newells?

– Sí, me tocó dirigir la Primera en el 94, con Estudiantes peleando al descenso. Me tocó dirigir ahí. Me rompieron el vidrio en mi casa.

– ¿Por qué?

– Porque era el técnico de Estudiantes. Pasó lo mismo con un taxista que pasó y le tiró un piedrazo a la ventana de mi casa. En La Plata, vos salís y sos jugador de Estudiantes y te ve un taxista que es de Gimnasia, te insulta y pasa a ser más agresivo el tema, especialmente en la previa a los clásicos.

– ¿Qué más le sucedió siendo jugador de uno y otro equipo previo a un clásico?

– El tema de los clásicos fue difícil de manejar en mi época. Me tocó jugar casi más para Gimnasia los clásicos porque cuando estuve en Estudiantes, Gimnasia había descendido. Entonces, me tocó dirigir la Reserva de Estudiantes y no podíamos ir nosotros. No podía ir con los autos a la cancha de Gimnasia porque te los rompían. Un día, nos rompieron todos los vidrios. Entonces, íbamos caminando desde la cancha de Estudiantes a la de Gimnasia, y salimos campeón en esa época. Estaban Martín Palermo y Juan Sebastián Verón. Toda una generación de futbolistas que después fueron los que marcaron también la historia en Estudiantes.

Vargas cuestiona el excesivo fanatismo que se vive en el fútbol argentino

– ¿Es cierto que durante un Estudiantes contra Gimnasia tiraron un puesto de choripanes al campo de juego?

– Sí. Jugué para Gimnasia ese partido. Me acuerdo que uno de los capos de la barra brava de Gimnasia se cruza la cancha y fue a insultar al capo de la barra de Estudiantes. Me acuerdo qué, en ese momento, empezaron a discutir. Y cuando empezaron a pelearse con la barra de Estudiantes, se metió la policía, y los barras de Gimnasia tiraron un puesto de choripanes que había para el campo. Lo metieron adentro del estadio y lo tiraron para el campo. Eso es salvajismo, eso no es enfermedad. Eso es violencia pura. Nosotros, más una vez, cuando vivíamos en la pensión de Estudiantes, en el estadio, fuimos a ver un partido y algunos ex compañeros iban con el buzo de Estudiantes. Entonces, nos tocó correr para ir a ver los partidos en Gimnasia. Queríamos ver los partidos porque Estudiantes jugaba de visitante. Entonces, íbamos a verlos y algunos hinchas del Lobo te gritaban porque andabas con un buzo de Estudiantes y nos corrían. Metíamos unos piques bárbaros desde la cancha de Gimnasia a la de Estudiantes para que no nos agarren. Teníamos 16, 17 años. Arriesgábamos siempre. Tocó también durante la dictadura de 1976.

– ¿Qué le pasó en aquella época?

– En 1976 nos salvamos una vez por portar el carnet de Estudiantes, porque íbamos caminando con Patricio Hernández y otros muchachos y nos cruzaron los militares. Volvíamos del colegio de noche, porque estudiábamos en ese turno. Estudiantes nos obligaba a estudiar y nos cruzó un Falcón verde, nunca me voy a olvidar. Y nos querían llevar presos. Nos salvó uno de los chicos que tenía el carnet de jugador, porque no teníamos documentos.

– ¿Qué les dijeron?

– Les dijimos que éramos jugadores de Estudiantes y no nos creían, porque uno estaba enyesado por un golpe de tobillo. Y entonces, como íbamos caminando despacio, nos cruzó el famoso Ford Falcón verde de esa época y nos pusieron contra la pared. Todo contra la pared. Nos apuntaron con sus armas y nos pararon. Entonces, ninguno tenía documentos, porque íbamos caminando hacia el estadio tras el colegio. Y nos salvó uno de los muchachos tenía el carnet de Estudiantes. En esa época, no preguntaban mucho. Veían caras raras o desconfiadas y te llevaban. Yo tuve, en esa época, un par de muchachos desaparecidos. Yo iba al cuarto año de secundaria. Entonces, viví toda esa época. Nadie me la contó, yo la viví. O sea, tuve dos compañeros desaparecidos, una mujer y un hombre. No volvieron más a clases. Y los comentarios eran que los habían chupado, como decían en esa época.

– ¿Cuál es el clásico platense que más recuerda?

– El clásico que nos tiraron un quiosco adentro de la cancha. Y después otro que jugamos en el estadio de Gimnasia, que se metieron con un helicóptero para secar la cancha. Previo a ese encuentro, había llovido mucho y se tenía que jugar el partido. Entonces, metieron un helicóptero para secar la cancha, para que se haga el desagote en la cancha lo más rápido posible. Estaba Eduardo Solari, entrenador de Gimnasia en 1987.

– ¿Se vive de la misma manera o se trabaja de la misma manera, siendo jugador de Estudiantes que de Gimnasia?

– Son totalmente opuestos. El hincha de Gimnasia es mucho más buena gente y menos exigente. Yo jugué seis meses Estudiantes, porque después de ahí me voy a Bucaramanga, Colombia. El hincha de Estudiantes es demasiado exigente con los resultados. Es muy resultadista. De hecho, el técnico Carlos Bilardo, nos decía “¿quién descubrió América?” Le respondíamos “Cristóbal Colon”. Luego, nos preguntaba “¿quién fue el segundo que entró a América, detrás de Colón?”. Nadie sabía. Y agregaba “nadie se acuerda de los segundos. Acá hay que terminar primero. De los primeros se acuerdan todos. De los segundos, no se acuerda nadie”. Fue un poco lo que le metió Osvaldo Zubeldía y nosotros seguimos con esa idea. Porque el hecho de ser campeón es una obligación para los jugadores de Estudiantes. Para los de Gimnasia no, disfrutan más el partido. La imagen más triste que vi en el fútbol fue en La Plata, tras perder el título Gimnasia en 1995, que lo termina ganando San Lorenzo. Yo tenía mi casa a dos cuadras de la Plaza Moreno. Cuando perdió Gimnasia contra Independiente, con el gol del Tanque Mazzoni, un hincha del Lobo cruzó la plaza con una bandera de cincuenta metros llevándola en su cintura de él. Cruzó toda la Plaza Moreno, agachando la cabeza y me quedé helado. Yo tenía un negocio, era dueño de una fábrica de helados, y me preparé para verlo. Fue la imagen más triste que vi tras un partido. Estaba solo en su mundo, con la bandera cruzada en el medio de la cintura. No me voy a olvidar nunca. Él cruzando todo Plaza Moreno, agachando la cabeza y se ve que había hecho una promesa, a lo mejor.

– ¿En Estudiantes, puertas adentro, también son exigentes entre los integrantes del plantel?

– El trato interno también ayuda mucho. En 1975, hubo un jugador, Nelson Grecia, uruguayo, que hizo unas declaraciones fuera de lugar, se quejó del grupo y del técnico públicamente. Me acuerdo de que, a Nelson, que era muy buen jugador, por esas declaraciones le dieron vuelta al auto y se lo quemaron. Tuvo que salir corriendo. No volvió más. En Estudiantes, toda la ropa sucia, como esa, se lavaba en las casas. Y dentro del vestuario nos podíamos agarrar a trompadas, pero salíamos de country, y nadie hablaba con la prensa. La exigencia era, y es, terrible la que tiene el club.

– Estuvo rodeado de gente muy importante en Estudiantes. Fue dirigido por Bilardo y compartió plantel con Miguel Ángel Russo, Alejandro Sabella, Carlos Pachamé, Tata Brown, entre otros.

– Sí. Nací en Estudiantes. Yo vine desde Formosa en 1976. Llegué en enero de ese año. En mi provincia, lo único que salía de fútbol era por la radio. Nací en un pueblo que se llama Ibarreta, a 1.544 kilómetros de La Plata, estaba un poco lejos. Entonces, no sabía de fútbol hasta tanto llegué a La Plata, cuando jugaba la Bruja Juan Verón y Carlos Pachamé. Nosotros entrenábamos en esa época. Entonces, enfrentábamos a los que fueron campeones de América de 1967. Esa generación nos educó a nosotros. En Primera, Bilardo nos dirigía y nos levantábamos de la mesa y le dábamos la silla cuando se acercaba. Así nos educaron. Llegaba alguien que había logrado algo con el club y me levantaba para darle el asiento. En 1982, fui compañero de Russo, Brown, Ángel Landucci, Miguel Trama, Sabella, Marcelo Trobbiani y el Bocha Ponce. En la segunda, volvimos con Ponce. Él fue a Colombia también, después volvimos a Estudiantes.

El

– ¿Por qué se retiró en el 91?

– Porque me decepcioné de una persona. No del fútbol en sí, sino de una persona que no me quiso más en Estudiantes. Vinimos de una de una gira por Taiwán, con Humberto Zuccarelli como técnico, en 1991, y él me dice que “yo ya estaba grande, que iba a ver a traer a Ángel Bernuncio como volante central”. Entonces, le dije “no, si vos dudas de mí, mejor me retiro”. Me dolió porque era alguien con el cual tenía una amistad. Entonces, me llamaron Talleres de Córdoba y Chacarita. Pero les dije que no, que iba a retirarme. Empecé a hacer el curso de técnico. Empecé a estudiar en la escuela en donde se graduaron Russo y Daniel Passarella en La Plata.

– ¿Colgó los botines a qué edad?

– A los 32 años. Y físicamente estaba bien, sin lesiones, ni nada. Siempre fui de cuidarme, pero me decepcionó la decisión de Humberto por la amistad que teníamos. Cuando vengo de Taiwán, él llega a mi casa y me preguntó cómo lo veía como entrenador. A él lo eligen de técnico cuando estábamos en Taiwán.

– Cuando colgó los botines, dirigió a Estudiantes en 1994. ¿Fue ahí cuando tuvo a Verón y a Palermo?

– Claro, ahí los tuve en Reserva. Salí campeón con ellos en 1992. Teníamos un equipazo también. Jugaba el hermano de Rubén Capria, Diego.

– ¿Extraña algo de Argentina?

– Me fui acostumbrando un poco a la vida de acá. Extraño un poco las amistades. Acá de reunirse, de la sobremesa con amigos, es muy difícil. El jugador acá termina de comer y se va rápido para su casa. En la Argentina, eso se mantiene. Igualmente, acá se consigue yerba, dulce de leche y otras costumbres argentinas. Y quizás hasta lo venden más barato que allá. Tengo tres hijos en Argentina: una médica, un abogado y otro que trabajó conmigo, como ayudante de campo. Los tres están viviendo en La Plata.