
Habían pasado apenas dos semanas del triunfo de Boca sobre el Milán en Japón que le permitió obtener la Copa intercontinental de 2003. Matías Donnet fue el autor del tanto del empate 1-1 en tiempo reglamentario que derivó en la gloriosa tanda de penales a favor del equipo de Carlos Bianchi, que esa noche en Tokio bordó su tercera intercontinental personal y la segunda con el traje de DT xeneize. El Virrey continuaría con su segundo ciclo al frente del plantel de cara al 2004 y brindó en esas Fiestas pensando en el mercado de pases venidero. Allí fue cuando irrumpió Mauricio Macri con la propuesta de un particular refuerzo. O, mejor dicho, incorporación.
Pocos recordarán a Li Yao, un mediocampista chino de 26 años que venía del Dalian Shide FC de su país, que había sido semifinalista de la Champions League de Asia y que registraba un partido jugado en el Mundial Sub 20 de Malasia 1997 con su seleccionado nacional. El asiático fue titular en el empate 1-1 con Irlanda por el Grupo C, resultado que dejó en el último puesto a su equipo y significó la eliminación en un torneo que tuvo como una de las grandes figuras a Juan Román Riquelme y vio campeón a la Argentina de José Pekerman.
Las crónicas de los diarios, a inicios de 2004, daban cuenta del inminente arribo de un futbolista chino que se iba a incorporar a Boca por seis meses. El plan del por entonces presidente Mauricio Macri era abrir el mercado en China, tal como lo había conseguido -a medias- con el japonés Naohiro Takahara en 2001. Bianchi, que había aparecido por sorpresa en el reinicio de los trabajos de algunos juveniles y jugadores que no habían viajado a Japón por la Intercontinental, empezó a mirar de reojo la situación.

“La mitad + 1.300.000.000” fue el título de la tapa del diario Olé del 7 de enero de 2004, anticipando el arribo al país de la figura china. Dos días más tarde, fue recibido en el aeropuerto de Ezeiza con una camiseta de Boca y posó para algún valiente fotógrafo que había sido notificado sobre su llegada. De allí, derecho a Casa Amarilla para acoplarse a un plantel que estaba a punto de viajar a Tandil para iniciar la pretemporada pensando en la Libertadores y el Torneo Clausura de ese año.
Li Yao brindó una improvisada rueda de prensa antes del primer almuerzo con sus nuevos compañeros: “Voy a intentar mostrar mi calidad como jugador de fútbol y a intentar aprender las cosas que tienen los jugadores argentinos. Todavía no hablé con Bianchi”. Esa entrevista que fue grabada por TN duró apenas unos segundos, porque su traductor pidió interrumpirla para permitirle ir a comer y prometió dialogar más tarde. El entrenador, con gesto adusto y caminata apresurada, no frenó a hacer comentarios antes del viaje a suelo tandileño. Antes de subirse al ómnibus camino a las sierras, Yao fue interceptado por Cacho Laudonio, más conocido como Loco Banderita, que le dio un cálido abrazo de bienvenida y hasta le pidió una foto para su colección.
Bianchi ya le había bajado línea a Macri para el mercado veraniego: priorizar la permanencia de la mayoría de jugadores del plantel que venían de alcanzar la gloria en Japón sin necesidad de nuevos fichajes. De hecho se plantó cuando el Veracruz de México intentó llevarse al brasileño Iarley, que le había dado frutos a lo largo de todo el año. Sobre el cierre del 2003, Boca presentó a Carlos Arturo Marinelli, un enganche de las inferiores del club que había sido vendido al Middlesbrough inglés por 4 millones de dólares en 1999 con solo 17 años. Luego de dos ciclos en el Boro y un préstamo en Torino, el volante ofensivo se sumó al Xeneize. A priori, sería la única cara nueva, pero Mauricio tenía otros planes…
Macri daba forma en su cabeza a la idea de subir a Boca a los grandes mercados del mundo. Quería reflejarse en el Real Madrid y Manchester United, dos gigantes internacionales que ya habían expandido su marca en todos los continentes. Entonces, creyó conveniente que cautivaría a los chinos con la presencia de este mediocampista al que habían descripto como “hábil zurdo”, pero en realidad al verlo en el primer entrenamiento se enteraron de que en realidad era derecho. El pope boquense pretendía ficharlo, que Bianchi lo mantuviera dentro del plantel profesional y que, llegada la oportunidad, le diera algunos minutos para redondear la jugada y así contentar a los asiáticos. Pero el entrenador se ceñía a lo estrictamente deportivo y tenía tachado al chino de antemano.
“No siento miedo”, declaró Li Yao antes de su primera noche en la concentración de La Posada de los Pájaros de Tandil junto a otros 35 compañeros entre los que también estaban los juveniles Neri Cardozo, Leandro Díaz, Mario Sosa, Mikael Yourassowsky y Ariel Colzera. En cambio, faltaban otros que habían viajado al Preolímpico Sub 23 con la selección argentina dirigida por Marcelo Bielsa que proyectaba la participación en Atenas 2004: Carlos Tevez, Nicolás Burdisso, Clemente Rodríguez, Franco Cángele, José María Calvo, Pablo Jerez y Wilfredo Caballero. En lo que fue su primera práctica, el chino se cruzó con el guardameta (y hoy entrenador de arqueros del plantel profesional de Boca) Cristian Muñoz, que también había presenciado el Mundial Sub 20 de Malasia con Argentina. El Tigre probablemente se entere de la coincidencia con Li Yao en aquel Mundialito gracias a este artículo.

Al día siguiente del arribo a Tandil, Boca viajó a Salta para afrontar su primer amistoso de pretemporada frente a Independiente en el estadio Padre Martearena. Bianchi alineó a Cristian Muñoz; Pablo Álvarez, Joel Barbosa, Héctor Carballo, Facundo Imboden; Pablo Ledesma, Matías Silvestre, Miguel Caneo; César La Paglia; Raúl Estévez y el Chipi Barijho (ingresaron Víctor Ormazábal, Leandro Díaz y Roberto Colautti). En el banco quedaron Gustavo Eberto, Federico León y Juan Pablo Caffa. El Xeneize se impuso 3-1 con tantos de Caneo, La Paglia y Colautti. Obviamente Li Yao no formó parte de esa delegación y permaneció con otros jugadores en la concentración.
Apenas dos prácticas de fútbol le bastaron a Bianchi para bajarle definitivamente el pulgar al chino. Se habló de una supuesta lesión de tobillo por la que Li Yao debió viajar a Buenos Aires para recuperarse, aunque lo cierto es que Carlos le recomendó a su traductor que no perdieran más tiempo ya que no lo iba a tener en cuenta. En vísperas de un viaje a Mar del Plata para disputar un nuevo amistoso contra Racing, y cuando llevaba menos de una semana con indumentaria azul y oro puesta, el asiático pasó de soñar con pelearle el puesto a Donnet, Andrés Guglielminpietro, Diego Cagna, Fabián Vargas y Pablo Ledesma a comprar pasajes para volver a su país.
“Li Yao vino de vacaciones a Argentina. Es raro venir de vacaciones a mostrarse. Yo no fui quien le dijo que tenía que volverse. Sabía que tenía la vuelta programada para China porque era el fin de año en su país, entonces le dije que aprovechara y visitara Buenos Aires durante el fin de semana”, declaró Bianchi, con un toque de sarcasmo y acidez, cuando fue consultado en conferencia por el asiático, de quien no se atrevió a hacer una valoración pública respecto a sus condiciones futbolísticas ya que esgrimió que no lo había visto lo suficiente. Nadie podrá confirmar realmente si del viernes 16 de enero al domingo 18 de 2004 Li Yao paseó y visitó puntos neurálgicos del suelo porteño antes de retornar a sus pagos y jamás regresar.
El del chino Li Yao fue un capítulo más en la agitada relación que mantuvieron Bianchi y Macri a lo largo de los años del DT al frente del primer equipo de Boca. Un Macri que nunca renunció a esa idea de vincular el marketing con lo deportivo y hasta se animó a enviarle videos al hoy presidente Juan Román Riquelme de Almoez Ali, centrodelantero de la selección de Qatar, para que lo fichara y así atrajera nuevos inversores y contratos de publicidad. El ex número 10, como en sus mejores tiempos de futbolista, lo gambeteó.
Crédito de fotos: Javier García Martino (@javierphotogamma)



