El peronismo bonaerense no logra cerrar la interna entre el cristinismo y el kicillofismo

“Otra vez sopa”, dijo un intendente del conurbano bonaerense, entre la ironía, la gracia y el fastidio, cuando vio en su celular los titulares que volvían a poner en la agenda política la interna del peronismo bonaerense. Otra vez las diferencias expuestas, los enojos permanentes, la desconfianza que siempre está creciendo y las posibilidades de un acuerdo que siempre están bajando. Otra vez lo mismo. Un capítulo más de lo que ya, a esta altura, es una historia interminable.

El mensaje que Mayra Mendoza le envió a Carlos Bianco esta semana en un chat de intendentes bonaerenses, en el que mezcló un deseo de recuperación por una intervención quirúrgica y el reclamo por el posicionamiento de Axel Kicillof respecto a Cristina Kirchner, reflotó el malestar interno que existe en el PJ Bonaerense desde hace tiempo. Lo puso otra vez sobre la mesa y lo hizo circular por las arterias del peronismo.

En la fuerza política hay un hartazgo respecto a los idas y vueltas del vínculo político que une a Kicillof con Cristina y Máximo Kirchner. Las chicanas, las críticas, los reclamos. Todo se repite y todo agota. Sobre todo porque hay un status quo que no se rompe. El Gobernador no va a romper con el cristinismo. Y en el sector de CFK dejan la puerta abierta para algún tipo de acuerdo electoral. Entonces, las rencillas solo generan desgaste y un tema de conversación negativo dentro de la órbita opositora. Mientras tanto, los conflictos siguen latentes y raspan a todos. El peronismo se desgasta a si mismo.

La pelea por el posicionamiento político de Kicillof respecto a la ex presidenta ha quedado supeditada a una cuestión que es cada vez más personal y menos política. Ese dolor, esa sensación de traición que mantienen indemne en La Cámpora respecto a los movimientos del Gobernador, aparece en cada mensaje incisivo de un dirigente que mete los pies en la interna. Ahora es Mayra Mendoza, pero después puede ser cualquier otro.

Kicillof asumió este viernes la presidencia del PJ Bonaerense (Aglaplata)

El traidor, el ególatra, el desagradecido, el que piensa que está predestinado a ser el presidente de la Argentina. Sobran definiciones en el cristinismo para definir a Kicillof. Resulta bastante difícil pensar en un armado político consistente a futuro si la grieta es tan profunda y ha afectado los vínculos de confianza.

“La Cámpora cada vez vale menos y la única forma que tienen de sobrevivir es condicionando a Axel. No se corren de ese lugar”, reflexionó un intendente que está en la mesa chica del Movimiento Derecho al Futuro (MDF). Esa idea sobre el futuro del camporismo está presente hace tiempo entre los aliados de Kicillof. Creen que en ese espacio no hay nadie que tenga voluntad real de construir una nueva alianza con el mandatario bonaerense. Incluso creen que harán lo posible para que no sea candidato.

En el cristinismo siguen considerando que el gran equivocado en todo este lío es Kicillof. Que él empezó la interna, que desconoció a la ex presidenta y que se enfrentó a ella en el peor momento de su carrera política, cuando está condenada, presa y sin capacidad de presentarse electoralmente. En ese sentido, se encargan de comparar este momento con el que la enfrentó Sergio Massa, en el 2013. “Sergio confrontó con una Cristina fuerte y en el gobierno. Axel enfrenta a una cristina limitada, que no puede salir de su deparmento”, se quejó un dirigente camporista.

La interna le ha consumido tiempo a todo el peronismo bonaerense. Pero en los últimos dos meses había surgido una tregua que le permitía a todos moverse en direcciones propias sin tener un destello de la guerrillas encima de la cabeza. A Kicillof le sirvió para darle impulso a su precandidatura presidencial y esquivar las esquirlas de las peleas intentestinas. El mensaje que emanan en La Plata es claro. Siguen adelante pese al fuego cruzado. Siguen adelante y el que quiere sumarse que se sume. No van a parar. Ni a echar ministros. Ni a romper definitivamente vínculos diplómaticos que ya están hechos trizas.

Cristina Kirchner va a influir en el proceso electoral del peronismo pese a sus limitaciones por la detención (REUTERS/Martin Cossarini)

La interna en la provincia es un problema que, probablemente, solo pueda ordenarse si hay un pedido de las cabezas de que nadie saque los pies del plato. Axel Kicillof y Cristina Kirchner son los únicos que tienen ese poder. Por eso para varios dirigentes es necesario que exista una reunión entre ambos para intentar consensuar una salida a la tumultosa convivencia interna. Un acuerdo, una promesa y una orden desde el vértice hasta la base.

En La Plata no ven ese pedido como una necesidad inmediata. Sobre todo porque piensan que van a quedar entrampados en las presiones que, según consideran, siempre les termina imponiendo Cristina Kirchner. Entonces construyen un proyecto sin tener en cuenta al ala más dura del cristinismo. Avanzan intentando hacer pie en las provincias y acelerando las señales de una candidatura nacional.

La conflictividad bonaerense aleja a la dirigencia del interior que mira de reojo el andar de Kicillof, mientras esperan algún otro nombre que salte a la cancha electoral. “Nos preocupa que se replique la interna de Buenos aires en el resto del país. Eso pasa con la precandidatura de Uñac, empujada por el kirchnerismo para contrarrestar la de Axel”, asumió un gobernador del PJ, que mira con intranquilidad el escenario en el que se desarrolla el nuevo armado opositor.

Son muchos los dirigentes que leyeron la candidatura del sanjuanino en esa sintonía y que decodifican cada movimiento político como parte de una movida de ajedrez en la que CFK está inmiscuida. Para bien o para mal. Lo cierto es que son pocos los que quieren meterse a empujar el armado nacional que necesita la oposición este año. Juegan a la distancia para que no los dañe de rebote la discusión interna del peronismo bonaerense.

El peronismo bonaerense tuvo una tregua sostenida por dos meses que se rompió esta semana con un mensaje de Mayra Mendoza y un proyecto de ley de Mario Ishii

Además, la mayoría cree que es importante que esa interna se solucione, sea como sea, para tener un acuerdo sólido en el distrito electoral más importante del país. “Es difícil pensar un proyecto nacional del peronismo si hay una guerra permanente en la provincia de Buenos Aires”, se sinceró un legislador del interior. Tal vez por eso muchos decidan construir por su cuenta y esperar al año que viene para ver en qué situación llega el PJ Bonaerense.

En el peronismo aseguran que lo primordial este año es que juntar todo lo que está enfrente de Milei. Sin trabas, sin filtros, sin husmear en el pasado. Kicillof es de los que más empuja esa iniciativa y en ese andar justifica su idea de evitar negociaciones anticipadas con el cristinismo. No se tienen que entorpecer entre los propios por diferencias que solo pueden resolverse con acuerdos de cúpulas o con una gran interna. Aunque hay quienes entienden que ni siquiera así podrán salir de ese laberinto en el que están metidos desde más de dos años.

Hay ruido otra vez. Y hay un inmenso cansancio de una gran parte de la dirigencia respecto a los mensajes y las respuestas. Hay hartazgo. Mucho y extendido en todas las vertientes del peronismo.